Lejos de frenar su expansión, el Gobierno aumentó los gastos en casi ¢1 billón (un millón de millones), mucho más de lo que ahora pretende recaudar creando nuevos impuestos, para evitar una crisis fiscal.
Entre el 2014 y el 2015, esta administración subió el gasto en ¢940.000 millones, casi un 60% más de los ¢600.000 millones que el presidente Luis Guillermo Solís urge a los diputados llevar a las arcas públicas mediante reformas a los impuestos de ventas y renta.
Los gastos del Ejecutivo crecieron entre un 8,5% y un 10% en cada uno de esos años, a pesar de las bajas tasas de inflación que tenía la economía nacional, que fueron de 5,13% y -0,81%, respectivamente.
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